Homenaje a Alfonso de Elías.
(Disco compacto agotado, en proceso de re-edición).

   
Originario de la Ciudad de México, Alfonso de Elías (1902-1984) hizo sus primeros estudios musicales con su madre y con su hermana Consuelo. En 1915 ingresó al Conservatorio Nacional de Música, donde sus maestros principales fueron Rafael J. Tello, Aurelio Barrios y Gustavo E. Campa. Una vez concluidos sus estudios, inició una sólida carrera como pianista, complementándola con sus labores de organista y director de orquesta. Desde los inicios de su carrera, Alfonso de Elías mostró un interés notable por la enseñanza, lo que lo llevó a fundar una academia musical en la cual, a lo largo de los años, tuvo más de un millar de alumnos. Fue, además, profesor en la Escuela Nacional de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México y en el Conservatorio Nacional de Música. Como compositor, Alfonso de Elías poseía un estilo que, anclado firmemente en la tradición musical europea, apuntaba hacia un claro neo-romanticismo. En un texto sobre la historia de la música mexicana, el compositor y musicólogo Julio Estrada ha definido como a de Elías como un compositor ubicado en lo que él llama “el área mestiza” del nacionalismo musical mexicano, cercano a José Rolón, Miguel Bernal Jiménez y Manuel M. Ponce. Este apunte de Estrada es especialmente interesante, porque el propio Alfonso de Elías declaró en una ocasión que tanto Ponce como Bernal Jiménez se hallaban entre sus compositores mexicanos favoritos. En la década de los 1903, Alfonso de Elías formó parte de la Liga de Compositores, con lo que declaraba de manera tácita su inclinación hacia la creación de música de corte nacionalista. Esta orientación es notable, sobre todo, en obras sinfónicas suyas como las Variaciones sobre un tema mexicano, Cacahuamilpa y El jardín encantado. Como contraste, su producción pianística (que ocupa un lugar destacado al interior de su catálogo) está más orientada hacia las formas y los lenguajes de origen europeo, aunque no están del todo ausentes algunos sutiles toques de color local. Las obras para piano de Alfonso de Elías contenidas en esta grabación son una buena muestra de esta tendencia.

Las dos Elegías aquí grabadas representan, por una parte, dos visiones diversas de la forma y, por la otra, una aproximación distinta a lo usual, al menos en lo que se refiere al repertorio de corte romántico. La Elegía l es una pieza de movimiento más vivo, de colores y armonías más luminosas y transparentes que lo que suele ser común en una elegía musical. La audición de la pieza permite descubrir una elegía que, en vez de ser luctuosa, es diáfana y vital. La elegía 2 comparte con la anterior, hasta cierto punto, el espíritu general de su concepción. Hay en ella, incluso, una cierta visión optimista en el discurso musical, y un indudable brillo expresivo. Desde el punto de vista armónico, la Elegía 2 es más compleja y atrevida que la Elegía l. Sin embargo, hacia el final de la Elegía 2, Alfonso de Elías propone una conclusión que se apega más a lo que puede ser una concepción tradicional de lo elegíaco.

Para su Canzonetta, el compositor ha elegido un rico y bien construido movimiento en ¾, que es idealmente complementado por algunas sutilezas armónicas que están hábilmente tejidas al interior de un diseño formal aparentemente simple.

En la Humoresca se pueden detectar una cierta elegancia de expresión que tiene indudables puntos de contacto con el espíritu general de la música de salón. Al interior de una pieza muy breve y compacta. De Elías logra expresar con claridad un ambiente sonoro lúdico que es, al mismo tiempo, discreto y refinado.

En el contexto de las demás piezas características incluídas en esta grabación, el Poema es una composición más seria, profunda y ambiciosa. Hay en este Poema algunos apuntes de indudable origen romántico y, de manera más específica, algunas referencias de contenido y expresión que remiten a la música de Chopin. A una inteligente progresión dramática basada en el buen manejo de los contrastes dinámicos y expresivos, Alfonso de Elías ha añadido un esquema armónico rico y complejo. Hay en el desarrollo de este Poema una interesante reiteración de ideas, marcada por el hecho de que los materiales aparecen cada vez bajo una nueva luz. He aquí un Poema ambicioso y extenso, en cuyo final hay una larga y profunda resonancia que resuelve muy satisfactoriamenten el discurso de la pieza.

En el extremo opuesto de la concepción y realización del Poema se encuentran las Dos miniaturas. La Canción pastoral es una pieza lúdica y ligera, de espíritu ciertamente poético, en la que se trasluce un ambiente discretamente expansivo. Por su parte, el Minuetto se caracteriza por un apego estricto al patrón rítmico clásico de esta forma; a esto se añade, como un atractivo complemento, el hecho de que si bien esta pieza es de ráiz netamente europea, tiene momentos en los que se puede detectar algo de inconfundiblemente mexicano, algo que no es ni folklórico ni nacionalista, si no una expresión mexicana más abstracta y estilizada.

Casi tan breve como las Dos miniaturas es la Adivinanza de Alfonso de Elías. Se trata de una pieza sencilla, ligera y transparente, en la que es fácil detectar los diversos guiños que el compositor hace, no sólo al oyente, sino también al intérprete.

También de inspiración claramente europea, pero con elementos locales ya evidentes, es este Vals de Alfonso de Elías. Refinado, brevísimo, de movimiento contagioso, el Vals tiene como uno de sus méritos principales el hecho de que está construido sobre texturas más complejas que lo usual en piezas de este tipo.

La Sonata es, sin duda, la pieza más compleja y ambiciosa de esta selección de obras pianistas de Alfonso de Elías. Su presencia en esta grabación permite recordar que ahí donde varias generaciones de compositores mexicanos escribieron para el piano numerosas piezas características y formas de danza, fueron pocos los que abordaron con éxito la creación de sonatas para piano. Esta Sonata se inicia con un allegro moderato cuyo esquema formal, básicamente tradicional, sigue de cerca los preceptos de un allegro de sonata a la manera clásica. Esta observación puede ser matizada con el dato de que se trata de un allegro de movimiento más bien plácido y contemplativo, con más énfasis en el trabajo estructural que en el impulso motor. Si la referencia principal de De Elías en la concepción de esta Sonata es el romanticismo pianístico, es posible entonces hallar en este allegro moderato las sombras, aligeradas y duraderas, de Chopin y Liszt. El estricto desarrollo formal propuesto por el compositor concluye con un final severo y serio. El andante espressivo tiene claramente marcado el espíritu de una canción , no sólo por el diseño de su material melódico , sino también por el fraseo propuesto por el compositor. Hay momentos de este andante espressivo en que la armonía raya casi en lo impresionista, aunque quizá esto no sea más que un espejismo sonoro creado por las sutilezas del acompañamiento a la melodía principal. Poco antes del final, el compositor propone un episodio de corte más dramático, casi declamatorio, para concluir con una nueva reminiscencia del aspecto cantabile del movimiento. El Scherzo está construido con solvencia sobre un patrón rítmico de ¾ en el que el impulso básico de movimiento es sabiamente matizado por el discreto rubato que le da una gran variedad y amplitud expresiva, Después de la extroversión de la primera parte, viene una sección central, lenta de una rica coloración armónica que por momentos le da a la pieza un cierto sabor mexicano. Como es tradicional en este tipo de movimientos de tipo A-B-A, la sección lenta de paso a una recapitulación de la primera sección, que concluye de manera robusta y enérgica. A pesar de estar designado como un allegro agitado, el cuarto movimiento de la Sonata de Alfonso de Elías se acerca mucho al espíritu del allegro moderato inicial. Sobre todo en su primera parte, este movimiento tiende a los colores y los registros oscuros. Hay aquí un manejo temático muy claro y muy lógico, y una gran solidez estructural. Todo el movimiento comunica un ambiente de refinado romanticismo, en el que la expresividad es contenida, y en la que no hay excesos gestuales ni dinámicos.

Por una parte, la Hoja de álbum es tan breve y fugaz como la mayor parte de las piezas de este tipo; por la otra, sin embargo, es una obra más expresiva e intensa que otras similares. La densidad del material propuesto por el compositor apunta hacia una seriedad de intención que tiene su complemento perfecto en el equilibrio formal y expresivo de esta pequeña Albumblatt.

La Barcarola de Alfonso de Elías con la que concluye esta selección de sus obras pianísticas está construida a partir del concepto tradicional de la forma, es decir, como una pieza de ritmo constante y sinuoso que muestra claramente sus nexos con el espíritu de la canción fluvial que le dio origen. En esta Barcarola hay una línea melódica clara, pulcra y transparente que, en efecto, tiene mucho de canción. Desde el punto de vista armónico, la pieza está llena de sorpresas y aventuras que son finalmente resueltas a la manera tradicional. Una virtud más de esta Barcarola es el sutil manejo que el compositor hace del pulso básico de la pieza, evitando la monotonía sin perder de vista de las fuentes tradicionales de una barcarola.

Juan Arturo Brennan


 




 
 
Marcela Hersch